Abrazado al sinsentir del vacío desamor innaturalmente artificial que se produce en aras de la desesperación de una meta ¡por fin! realizada, inicio la aventura del dar y el recibir en busca de esa conjunción del placer; los unos y los otros.
Perseguido por la incertidumbre, voy hacia tu presencia; allí descubro finalmente que la gloria pudo ser alcanzada. Vos hiciste de guía y acompañante en este viaje; y aunque me privaste de tu templo, sí me dejaste gozar entrando en él y estuvimos juntos de la mano todo el trayecto; hasta que, en el colmo de nuestro amar, se dictó aquella sentencia final. Nos fuimos lentamente alejando de ese sendero, aproximándonos a lo ajeno de nuestra procedencia y porvenir. Lo que sigue no es un pasaje de rosas ni flores en el camino, sino la inevitable conclusión de mi triste destino. Encerrado en la soledad de una noche más, me resigno ante la realidad: solamente fuí uno más… Todo va a seguir, por que no hay nada que lamentar. Te pierdo en mi pensamiento, a la vez que me pierdo en el tuyo… La ligerez de tus movimientos, la transpiración de tu cuerpo, el perfume de tu aliento…
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Una y otra vez, me veo conducido a vos. Inexorablemente me encamino una vez más hacia lo que fuimos, recapacito y caigo otra vez. Me veo atrapado en el círculo del placer del cual sos protagonista, al fundirnos en uno y olvidar toda frontera terrenal, pues estamos más allá de todo lo que creíamos conocer y de lo que podíamos sentir. El tiempo no nos puede separar, ni el espacio encontrar el lugar para que parta el amor que nunca debió morir. Lo que seguiré lamentando es aquella ausencia de segundas oportunidades, y aquél mito de que está todo dicho, lo que nos lleva a la búsqueda del placer en contraste con el amor que nunca fue. Oponiendo conceptos y distanciando momentos, encuentro tu respuesta irreal y poco convincente con respecto a tu sentir verdadero, el cual aunque quiera no se corresponde con el mío.
Con la desgarradora pena, que a pesar de todo es esperanza por volverte a ver, tu recuerdo trata de escapar de mí. Nunca daré todo por perdido y siempre me aferraré al destino que decido a tomar a contracorriente, y estaré enunciando los escritos de tu amor, que serán por siempre tu voluntad y mi deseo. La significancia de las barreras que me separan de vos cobrarán vida en estas palabras para que sea sempiterna tu memoria en mi corazón.
Jamás estará todo dicho, aunque sin embargo, me encuentre enfrascado en la fútil lucha de expresar esto y caiga en repetir conceptos, seguiré peleando por ganar tu amor.
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